Las playas que nunca aprendimos a domar

Se acerca el verano 21 y las autoridades evitarán montarse en la segunda ola. Mientras tanto, la naturaleza nos recuerda que aún no hemos aprendido a construir sobre su paisaje. Acompáñame a escarbar en los cimientos de un ecosistema erosionado, contaminado y mutilado, que apunta a mezclarse con el cielo gris de la ciudad.

 

Cuando calienta el sol en Lima, recordamos que la vida no está en pausa. Miles de ciclistas bajan por Armendáriz y recorren una parte de la autopista que une seis distritos de la ciudad. De Magdalena hasta Chorrillos, disfrutamos de la Costa Verde.

Sin embargo, no cabemos todos. La pandemia aún no ha terminado y las aglomeraciones siguen siendo un peligro silencioso. Buscar un espacio a las orillas del mar puede ser todo un reto cuando intentas estar, al menos, a un metro de distancia de las demás personas y Manuel Loayza nos lo confirma.

Él es miembro del equipo de Alerta Respuesta a Brotes y Epidemias, y exdirector del Centro Nacional de Epidemiología, Prevención y Control de Enfermedades, y nos aclara que era necesario poner ciertas restricciones, pues el peligro de contagio no es la playa, es de persona a persona. Y es que si yo estoy en la playa, hace calor, me quito la mascarilla, hablo fuerte y produzco gotitas, son estas las que nos pueden contagiar, explica Loayza. 

Por su parte Jazmín Atala, coordinadora general de la iniciativa ciudadana Costa Verde de Todos, asegura que la Costa Verde se encuentra muy maltratada por la contaminación de los muros de concreto que caen sobre las playas, como el de la Obra del Malecón del 2018 que no ha durado ni dos años y nos está dejando sus recuerdos en la playa Los Delfines.  

Créditos: Costa Verde de Todos
Créditos: Costa Verde de Todos
Créditos: Costa Verde de Todos
Créditos: Costa Verde de Todos 

Si las playas estuvieran bien diseñadas, no estaríamos apiñados en unas cuantas orillas y todos tendríamos espacio. Tenemos 21 km de playa, pero solo 8 km se usan como balnearios y estacionamientos. Al final solo quedan 6 km de los que podemos disfrutar. Si tuviéramos buenos accesos, la gente no pensaría que la Costa Verde es peligrosa, pero es peligrosa porque está mal diseñada, explica Atala. 

Concreto Paisaje 

El arquitecto Ernesto Aramburú fue el primero en integrar Lima con el mar a través del Proyecto Costa Verde. En sus propias palabras “Lima era un ciego con vista al mar”. Así, con arena extraída del zanjón de la Vía Expresa y desperdicios de construcciones, empezamos a “ganarle tierra al mar”. 

Créditos: Agencia Andina.
Costa Verde
Créditos: Lima La Única.

Sin embargo, ¿qué tanto hemos mantenido de los desperdicios que fueron parte del origen de este espacio? 

Para Willy Santa Cruz, magíster en arquitectura y procesos proyectuales, la Costa Verde es un paisaje artificial, manipulado por el hombre y tiene que seguir siendo modificado para que continúe existiendo.

No obstante, él resalta que se tiene que terminar el trabajo de los espigones para tener más espacio en es las playas. Tenemos que ganar definitivamente más tierra al mar y extender las playas, porque la Costa Verde como vía seguirá existiendo y hay que entender que el mar va a tratar de recuperar su terreno.

Además, nos recuerda que en otras ciudades con vista al mar , como Guayaquil o Barcelona, cuentan con una gestión metropolitana sobre su bahía. A diferencia de la Costa Verde, en donde la Autoridad del Proyecto Costa Verde (APCV), la Municipalidad Metropolitana de Lima y los 6 alcaldes distritales tienen una visión fragmentada de este espacio.

Créditos: Hazla por tu playa /Espigones: estructuras de piedra que emulan muelles los cuales reducen el golpe de las olas.

Yesenia Bernal, investigadora del Instituto Geofísico del Perú (IGP), evaluó la vulnerabilidad de los acantilados en el distrito de Miraflores, pues varía a lo largo de cada tramo de este espacio. Ella nos aclara que es imprescindible delimitar una franja en la superficie de los acantilados para que no se construyan grandes edificios, pues a simple vista, obras como el centro comercial Larcomar, tiene erosionadas sus bases. 

Además, en el último estudio del IGP sobre peligros geofísicos en los acantilados de Miraflores, se lograron identificar hasta 77 puntos críticos relacionados a la ausencias de cercos al borde del acantilado, geomallas descosidas o deterioradas, depósitos de rocas sueltas y espigones sin señalización. 

¿Qué nos queda en el mar?

Un informe sobre la identificación de ecosistemas en la Costa Verde de la Fundación Cayetano Heredia nos revela que este espacio solía ser un lugar igual de productivo que el resto del mar peruano y, muy probablemente, había colonias de lobos marinos en las playas más grandes y en sus roqueríos. Hoy, solo se encuentran en las islas de San Lorenzo y San Pedro, al sur de la Costa Verde.

Cuando Gabriel De La Torre, asistente de investigación PUCP, sale a caminar por esta parte de la ciudad, le resulta inevitable tomar fotos de los desperdicios que encuentra a su paso. En su última investigación, detectó microplásticos en la arena de las playas Yuyos, Sombrillas, Pescadores y Agua Dulce. 

Créditos: Gabriel De La Torre

Estas partículas, menores a 5 milímetros, equivalen a un grano de arroz y hasta cierto punto son visibles. Las puedes encontrar en el plato de tecnopor que usas para comerte un buen ceviche o en cualquier envase descartable.

Decir que los microplásticos acabarán con la biota de la Costa Verde es un poco exagerado. No obstante, cuando estas sustancias llegan a la dieta de caracolitos o conchitas, se genera un cambio de sexo en varios de estos organismos. Este fenómeno es conocido como “imposex”, nos precisa Gabriel. 

En consecuencia, el equilibrio de esta comunidad de conchitas se desequilibra y lo que era un alimento para las nutrias marinas termina escaseando, lo que provoca que migren a otras aguas. 

Así como Gabriel, Stefanny Espinoza, ingeniera ambiental, se ha detenido a observar lo que podía encontrar en la composición del mar. Ella y su equipo lograron identificar contaminación microbiológica en la playa Los Delfines. Es decir, microorganismos infecciosos nadando en sus saladas aguas. Para determinar la gravedad de esta situación, utilizaron Estándares de Calidad Ambiental que el Ministerio del Ambiente determina. Y, aunque está en búsqueda de una solución, la pandemia ha provocado a que ponga en pausa su proyecto. 

Si a una conclusión llegan ambos, es que nuestra gestión de residuos no está funcionando. Entonces, si no tomamos acción, la contaminación marina seguirá incrementando hasta que comencemos a hablar de áreas totalmente devastadas o desoladas.

¿Y ahora qué hacemos?

Héctor Aponte, biólogo y doctor en ciencias biológicas, nos comenta que cuando la ciudad se encuentra con la naturaleza, es importante que las personas desarrollen “conciencia ambiental”. Es decir, tener la motivación para cuidar el espacio y también el conocimiento suficiente para saber por qué debemos mantenerlo limpio.  

Esa misma conciencia ambiental es la que Costa Verde de Todos busca fomentar para recoger los escombros, mejorar los espacios públicos y solicitar a la APCV que empiece con la participación ciudadana para que, así, todxs tengamos voz y voto en lo que pase en las futuras construcciones de las playas que aún no hemos aprendido a domar.

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