La prisión de los científicos: el oligopolio de las editoriales

La revista Nature anunció esta semana que empezará a cobrar hasta más de 11 mil dólares a los científicos por publicar sus investigaciones con acceso abierto. Se trata del grito al cielo de un sistema que tiene esclavizada a su comunidad. 

El modelo de negocio redondo

Además del tiempo invertido y la afanosa búsqueda de un fuerte financiamiento generalmente estatal, ahora los científicos deberán pagar aproximadamente el equivalente a 40 mil soles si quieren que sus investigaciones sean de libre acceso. Pero aún si es por paga de suscriptores, deben desembolsar un promedio de S/ 17 mil para darse a conocer. Y ahí no acaba todo, ya que luego de un proceso de edición y revisión no remunerado, los derechos intelectuales se ceden de forma gratuita y exclusiva a las editoriales; es decir, todo el dinero recaudado es para ellas.

La llamada “tasa de procesamiento de artículos” es el sistema adoptado por las cinco grandes editoriales que controlan más de la mitad de los artículos científicos desde el año 2006. Elsevier, Springer (dueña de Nature), Wiley-Blackwell, Taylor & Francis y Sage suman ingresos globales de más de 22 mil millones de dólares. Elsevier, la más poderosa, tiene márgenes de ganancia comparables a Google y Amazon gracias a los casi dos mil millones de dólares que reportó en el 2017.

¿De verdad pagan por los artículos?

Si no perteneces a la reducida comunidad científica, difícilmente conoces a alguien que esté suscrito a alguna de estas revistas. ¿Entonces cómo es posible que obtengan tan grandes ganancias en un nicho tan pequeño? Bueno, sucede que las bibliotecas universitarias —en su gran mayoría del Estado— aportan con un aproximado del 75% de las suscripciones. Es decir, el dinero público que en un principio fue el impulsor de estas investigaciones finalmente debe también de pagar por acceder a los hallazgos de las publicaciones que financió.

Son todos esclavos de los editores. ¿Qué otra industria recibe sus materias primas de sus clientes, consigue que esos mismos clientes realicen el control de calidad de esos materiales y luego vende los mismos materiales a los clientes a un precio enormemente inflado?”, señala con indignación Adrian Sutton, físico y profesor emérito de la Imperial College de Londres. Y es que el problema no se reduce a lo económico, sino que también atenta contra el deseo de la divulgación científica, pues reduce su acceso al público.

Sci-Hub: rompiendo barreras

Alexandra Elbakyan es una joven kazaja desarrolladora de software que tenía 22 años cuando se encontraba desarrollando su tesis de grado y necesitaba acceder a artículos científicos de alto costo. Fue en ese escenario que dio vida a Sci-Hub, el repositorio web pirata que alberga hoy más de 82 millones de papers. Publicaciones de revistas cuya suscripción anual ronda los cuatro mil euros están disponibles gratuitamente en el portal fundado por Alexandra.

“Publicar un estudio tiene costes, pero muchos de los autores no ganan nada, se conforman con el prestigio de las revistas. Ninguno (de los científicos) se ha quejado de que sus estudios estuvieran disponibles en Sci-Hub. Al contrario, se reconoce lo que hacemos, que beneficia también a la academia”, declaró Elbakyan en entrevista a El País. El propósito de su web es democratizar el acceso al conocimiento y la denominada ‘Robin Hood de la ciencia’ no teme en admitir que roba a los editores en favor de los científicos.

El dominio original de la página ya ha sido suspendido por orden de las grandes editoriales en varias oportunidades, aunque Sci-Hub ha sabido migrar y sostenerse. Ahora bien, es claro que la solución vaya más allá de hackear. El precio por las suscripciones a estas revistas sigue subiendo cada año y, ahora, el costo para que un científico pueda publicar en acceso libre es aún más alto.

Ustedes qué creen, bichxs: ¿será posible acabar con el jugoso negocio de las editoriales científicas?

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