El ring de las semillas

Si tuviéramos que resumir el debate sobre los transgénicos en una frase sería algo como “la selección natural versus la biotecnología”; que visto de otra manera sería “Darwin versus Ereky”. Pero lo cierto es que el tema es más complejo. Y, si quieres entenderlo, revisa nuestra nota.

 

Existe una gran controversia sobre los alimentos transgénicos. De seguro, lo que diría Darwin es que la biotecnología, término acuñado por Karl Ereky,  está dando una “ayudita” a estas especies alimenticias. Pero también, está alterando totalmente el sistema de evolución natural que tanto le costó descifrar.

Pero, antes de decidir si esto es una ventaja o una desventaja, es necesario hacernos unas cuantas preguntas. Por ejemplo, ¿los transgénicos son realmente malos? ¿Cuáles son los verdaderos riesgos de adoptar esta biotecnología en nuestro país? Finalmente, ¿la discusión entre prohibir o no el cultivo de transgénicos tiene que ser eterna? ¿O pueden coexistir diferentes tipos de semillas y frutos en un mismo lugar?

Los transgénicos: bichos atractivos de laboratorio

El tomate más rojizo, grande y redondo que encontraste en el mercado aquella vez que le compraste a tu caserita, probablemente, sea producto de una manipulación genética. Y a que no te imaginas que para obtener ese resultado tan atractivo, se utilizó el gen de un pez de agua fría como la trucha.

Pero, no te confundas. Esta mezcla entre genes de tomates y peces de agua fría no significa que los nutrientes del pescado (el omega-3 y el hierro) fueron trasladados al tomate y que con solo una ensalada ya tienes una comida completa. No, esto no funciona así. 

La principal propiedad que se extrajo de este pescado es su capacidad de resistencia al frío, según un artículo publicado en la revista Biología In Vitro Celular y del Desarrollo. De esta manera, un alimento tan frágil como el tomate puede soportar largas horas de transporte mientras está refrigerado. Si recién te enteras de esto, debe ser porque en 1994, cuando este producto fue aprobado para su comercialización, aún no existían las redes sociales. 

Y como el tomate Flavr Savr, hay cientos de productos elaborados a partir de mezclas totalmente inimaginables. El arroz dorado, una combinación de la flor del narciso y una bacteria llamada Erwinia uredovora; la soja argentina, a partir del gen de la soja y los compuestos del popular pesticida glifosato; y la lista de organismos genéticamente modificados (OGM) continúa en los países en los que las semillas y los alimentos transgénicos están permitidos. 

En nuestro país, tanto la importación como el cultivo de estas semillas están prohibidas hasta el 2035. Sin embargo, aquí surge una gran duda que muy pocos nos atrevemos a responder: ¿por qué prohibir o no el consumo de estos alimentos?

Primer round: La selección natural

De acuerdo con tres especialistas en ingeniería agrónoma, educación ambiental y economía, existen dos razones principales por las que los transgénicos no son la mejor opción para nuestro país.

En principio, aseguran que “pone en riesgo nuestra biodiversidad”.  Esta frase es casi un himno que entonan todas las personas que se oponen a los transgénicos. Pero más allá de esa afirmación, nos preguntamos de qué manera ocurriría eso. 

Juan Sánchez Barba, director ejecutivo de la Red de Agricultura Ecológica del Perú (RAE), explica que las semillas transgénicas tienden a uniformizar los cultivos. El experto indica que el 90% de semillas transgénicas utilizadas a nivel mundial están orientadas a la producción de solo cuatro productos: maíz, soya, canola y algodón. “Los dos últimos son productos industriales: uno para producir tela y el otro para producir aceite. Los dos primeros son para producir alimento de ganado vacuno”, detalla. 

Ante esta posible realidad, planteamos una solución lógica: que una parte de los agricultores cultiven semillas transgénicas y otra, mantengan las semillas tradicionales, que son la base de nuestra biodiversidad. De esta manera, tendremos aun más variedad. 

El ingeniero agrónomo Luis Gomero acaba rápidamente con esta ilusión. El especialista nos advierte que existe la posibilidad de que un gen particular de una especie transgénica cruce a otros cultivos no transgénicos. “El polen puede viajar y a eso se le llama ‘contaminación genética’ o ‘flujo genético’”, menciona el representante de la Red de Acción en Agricultura Alternativa (RAAA). 

Juan Sánchez Barba también resalta que es complicado controlar la contaminación porque la polinización se da a través del viento, las abejas u otros vectores. “¿Cómo vas a impedir que un transgénico de la costa realice su transformación hacia la zona de la Sierra, donde hay varios nativos? Es imposible. ¿Acaso vas a poner una barrera en el valle? Es imposible”, enfatiza el director del RAE.

Además, señala que la segunda razón en contra de los transgénicos consiste en que este modelo está creciendo a manera de negocio. Es decir, prioriza la creación de un mercado y no el bienestar ni crecimiento de los pequeños agricultores.

La representante del Consorcio Agroecológico Peruano, Cecilia Mendiola resalta que los transgénicos son, en primer lugar, patentes de semillas modificadas por grandes empresas. “Las semillas son patentes de ellos y tú tienes que comprarlas todos los años”, precisa Mendiola a Bicho Raro.

Sin embargo, el negocio no se limita a la venta de estas semillas, sino que también crea todo un sistema para que el cultivo dependa de instrumentos tecnológicos. “Ellos producen semillas modificadas que vienen con un paquete tecnológico, el cual cuesta cada vez más. Está subiendo el precio”, agrega la especialista en temas ambientales. “Si tú lo ves desde una perspectiva global, quiere decir que estas empresas quieren adueñarse de un asunto tan importante como es la alimentación. Eso tiene que ver con la soberanía”, concluye Cecilia Mendiola.

Segundo round: la biotecnología

Una creciente comunidad de científicos se levantó a favor de los transgénicos. Uno de sus principales argumentos consiste en que la manipulación genética permite aumentar la producción de los cultivos.

“Una de las aplicaciones de la ingeniería genética es lograr semillas que tengan más productividad por hectárea, justamente para apuntar a que no se tenga que sembrar más tierra para cumplir las metas de producción de alimentos”, afirmó la bióloga Mónica Santa-María en un conversatorio realizado por Ojo Público

Además, una segunda razón reside en que el uso de estas semillas disminuye la necesidad de utilizar pesticidas, insecticidas y otros químicos. Luis De Stefano Beltrán, doctor en biología molecular de plantas de la Universidad Peruana Cayetano Heredia (UPCH ), señaló a N+1 que la agricultura convencional “usa insecticidas y fungicidas muy tóxicos que se podrían reducir con el uso de tecnología OGM”.

El biólogo evolutivo Pedro Romero pone como ejemplo la modificación genética que se hizo con la papaya. A inicios de 1990, un virus conocido como virus de la mancha anillada de la papaya (PRSV) atacó los cultivos de esta fruta ubicados en Hawái.

Ante la posibilidad de la extinción de la papaya en la región, el fitopatólogo Dennis Gonsalves, la investigadora Carol Gonsalves y el catedrático David R. Lee introdujeron un gen del virus PRSV en el código genético de la papaya, algo así como vacunarla contra el virus. Tras varios años de investigación, estos tres científicos crearon una papaya transgénica que era genéticamente resistente al virus de la mancha anillada.

Las papayas transgénicas se volvieron resistentes a la enfermedad viral local que podría haber destruido esos cultivos para siempre”, indicó el doctor en Ciencias Naturales, Pedro Romero en un reciente tweet.  Además, añade que, en nuestro país, el Instituto Nacional de Innovación Agraria, entidad adscrita al Ministerio de Agricultura, tiene un proyecto para desarrollar papaya transgénica que resista la propagación del virus de la mancha anillada. 

K.O.: necesitamos invertir en investigaciones

Por último, los defensores de las semillas transgénicas resaltan que estos productos no tienen que suponer un riesgo para la biodiversidad, si se implementan medidas de control adecuadas.

“Aunque hay poca evidencia de que los organismos genéticamente modificados (OGM) hayan impactado la diversidad genética en el medio ambiente actual, los científicos y ecologistas son muy conscientes de la influencia potencial que los OGM tienen sobre la biodiversidad. Por lo tanto, están investigando cómo prevenir mejor el cruzamiento y la propagación de OGM, similar a las estrategias de contención física y biológica”, señala un artículo publicado en el portal web de la Universidad de Harvard.

Con esta afirmación coinciden también los especialistas que están en contra del uso de semillas transgénicas en el Perú. Ellos resaltan que en nuestro país no ha habido avances significativos que apunten a implementar estas medidas de control a un corto o mediano plazo.

“El gobierno ha estado avanzado limitadamente. Lo que más ha hecho son estudios, pero no ha creado ni el sistema de laboratorios, ni el sistema de control que impida que los transgénicos liberen, a través de la polinización, sus genes a otras plantas”, concluye el economista Juan Barba.

Por esta falta de información concluyente, este 20 de octubre del 2020, el Congreso de la República aprobó la extensión de la Ley que establece la Moratoria al Ingreso y Producción de Organismos Vivos Modificados al Territorio Nacional por un período de 15 años. Tiempo que deberá ser usado para realizar más investigaciones sobre el tema y, de querer levantarse la moratoria, será necesario establecer medidas de control.

 

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