El peligroso paradero de los residuos COVID-19

La pandemia del coronavirus ha provocado desmedidas cantidades de basura que se han  sumado a las ya altas cifras de residuos que generamos al año. Son aproximadamente dos kilogramos de basura que cada persona enferma por la COVID-19 desecha. Pero, ¿hacia dónde van todos esos desperdicios y qué tan nocivos pueden ser para la salud?

 

Los implementos de seguridad como guantes, mascarillas y jeringas, se suman o se convierten en protagonistas de estos muladares que encontramos muchas veces en la calle, objetos arrinconados sin temor al rebrote. Es muy probable que en los últimos meses te hayas preguntado lo mismo que vengo a contarte en este reportaje: ¿cuál es el destino final de todos estos desechos? ¿Cuál es el riesgo que tengo si estoy en contacto con ellos?  Probablemente todas esas inquietudes no te las has podido responder todavía…

Pero en Bicho Raro, donde hacemos que la ciencia, la salud, y la tecnología, sea más simple, queremos resolverte estas dudas. Es por ello que consultamos con expertos para que nos respondan a estas y más interrogantes sobre los nuevos desechos.

Lo primero que debes saber es que, hasta la fecha, hay aproximadamente 24 000 toneladas de basura biocontaminada; es decir, solo de pacientes COVID-19 o que han padecido de la enfermedad. Y, por cada paciente, se producen 2  kg de residuos, según nos revela Tania García López, de la Adjuntía del Medio Ambiente de la Defensoría del Pueblo.  

Estas alarmantes cifras hicieron que el Ministerio de Salud (MINSA) cree una guía sobre la  importancia del cuidado hacia los residuos biocontaminados, pues se trata de productos altamente peligrosos y podrían contener un potencial riesgo para la salud. 

Un peligro eminente 

El Ministerio del Ambiente (MINAM) asumió necesario que exista una empresa que recoja exclusivamente los residuos biocontaminados de las personas con la COVID-19.  Por ello, publicó—al siguiente mes del primer caso—, una convocatoria para seleccionar a la proveedora de este servicio. Sin embargo, este proceso nunca se concretó, a pesar de los esfuerzos por entablar una comunicación con ellos, no recibimos explicación.

Rommel Alvarado, ingeniero ambiental y gerente de Odfjell Terminals empresa de depósitos químicos mineros, explica que si debe existir una entidad responsable para  disponer los residuos biocontaminados en rellenos de seguridad o que cuenten con celdas que garanticen su impermeabilidad  para que, así, no dañen el subsuelo ni el aire. 

Según el MINAM,  en nuestro país solo 180 empresas están autorizadas para la disposición final de residuos sólidos, pero únicamente seis de ellas están certificadas para trabajar con desechos biocontaminados. Cuatro se encuentran en Piura, una en Lima y una en Ica.

El Ing. Carlos Namuche, jefe de operaciones de la empresa de residuos sólidos Are Yaku Pacha cuna de las compañías certificadas para trabajar con residuos biocontaminados en Piura afirmó a Bicho Raro que la tecnología es uno de los elementos más importantes en los rellenos de seguridad, pues es necesario emplear celdas de más de 6 000 que tengan la base de preferencia de arcilla como uno de los materiales que asegure la infiltración hacia otras zonas.  

Con este procedimiento se asegura que los residuos biocontaminados cuenten un adecuado proceso de disposición final. También existen otros métodos de intervención como la incineración en hornos, la esterilización al vapor, la desinfección por microondas, pero, lamentablemente, en el Perú pocas empresas están optando por  esas modalidades.

Una necesidad de prevención 

Al comienzo de la pandemia, la  Organización Mundial de la Salud desmintió que exista un riesgo de contagio por implementos usados por personas con COVID-19: “No se ha demostrado que el contacto humano directo sin protección durante la manipulación de desechos sanitarios haya provocado en ningún caso una transmisión del virus de la COVID-19”. 

Pero, es necesario atender a que las personas que manipulan todos estos desechos cuenten con un equipo necesario de seguridad: guantes de alta resistencia, botas, lentes de protección y pantalla facial. Tal es el caso de Ana, recicladora del programa ‘Avancemos Juntos’,  quien lleva puesta solo una mascarilla desechable y un gorro de polipropileno para reciclar todos los días. Afortunadamente, no ha reciclado en zonas con casos reportados de la COVID-19, más teme que el estar exponiéndose constantemente le juegue una mala pasada. 

Carmen Cruz, especialista ambiental y de recursos naturales en Cori Group, conversó con Bicho Raro y nos advierte que tan solo el manejo de residuos sin protección ni medidas de seguridad nos podrían causar enfermedades endémicas, cáncer, debilidad del sistema inmune, malaria, dengue, entre otras patologías.  La presencia de la COVID-19 no nos libera de la aparición de futuros trastornos; por el contrario, podría resultar aun más peligroso entrar en contacto con algún producto contaminado. Es por ello que  se  recomienda que las municipalidades y entes responsables garanticen un sistema integral de protección hacia los recicladores, ya  que su salud está en mucho riesgo.

Más de una tonelada de razones 

Son 31 municipalidades que pagan un servicio de limpieza pública en los recibos de agua y luz, pero aún  existen escasos fondos para que se realice el recojo de residuos biocontaminados por las empresas responsables.  Hasta el 2019, sin la llegada de la pandemia, según reporta el Instituto de Estadística e Informática (INEI) eran 65 las municipalidades que no recogían su basura, solo el 38,2% lo hacía  diariamente, y únicamente el 19,3% cumplía con recoger sus residuos una vez a la semana.  

Ante esta evidente carencia de recolección y limpieza, la Organización de Evaluación y Fiscalización Ambiental (OEFA) detectó 184 puntos críticos solo en Lima: Villa María del Triunfo (32), Villa el Salvador (21), Puente Piedra (12), entre otros lugares donde se ha reportado que existe una acumulación de desperdicios. 

Gustavo Bustillos, ingeniero ambiental y gestor de proyectos sociales, agrega que parte del problema es el sentido de individualismo en la ciudadanía que no tiene disciplina para separar los residuos y respetar los horarios del camión recolector. 

La basura no existe

En comparación con los desechos biocontaminados –que podrían resultar una amenaza–, podríamos avanzar con reducir con los que no peligran. Sin embargo, desafortunadamente sucede muy poco.

En Lima, son pocas las municipalidades que se preocupan por crear espacios sostenibles. Tenemos los casos de Ate y Los Olivos, que son los primeros distritos con viveros municipales con más de cuatro hectáreas de áreas verdes, más de 60 mil especies de plantas y más de 20 personas trabajando para reusar y crear un espacio sostenible. Aquí no se pueden tratar aun desechos biocontaminados pero se alivia en reducir la acumulación de otro tipo de desechos.

Wagner Safra, gerente de gestión ambiental de la municipalidad de Los Olivos, nos cuenta que el vivero municipal del distrito abastece más de 4,5 toneladas de residuos orgánicos provenientes del mercado Conzac y los transforma en abono agrícola para que, posteriormente, sirva de humus para las plantas. 

Hagamos un contraste  con otros países. Tal es el caso de Chile, que en el 2016 promulgó la Ley de Responsabilidad Extendida del Productor (REP)  o también conocida como Ley de Fomento del Reciclaje,  que obliga a las empresas o vendedores a ser responsables de su propio producto hasta el final de sus días.

 Belen Contador, asesora social y de impacto en ‘Fundación Basura’ organización sin fines de lucro en Chile  propone la recuperación de todos los residuos a fin de evitar que  sean arrojados a rellenos sanitarios, vertederos ilegales o que sean incinerados.  De la misma forma, Lissette Vergaray, ingeniera ambiental y de seguridad ocupacional en Runatech, nos cuenta que en Alemania la política del reciclaje está presente en todos los supermercados, en los cuales te pagan por reciclar botellas y latas. 

Así lo  confirma Simon Poekler, ciudadano alemán,  quien devuelve los envases de metal de cualquier alimento que consume a máquinas ubicadas en los supermercados. Además de que estos aparatos reusan los metales, los mismos también devuelven por cada envase de 8 a 25 centavos de euro, lo que en nuestro país equivaldría de uno a dos soles. Estas innovadoras máquinas se llaman Pfandautomat y son una práctica cotidiana en el país germano desde hace más de 10 años.

El camino por recorrer es aún muy largo. Ya hemos avanzado cuidando de los residuos sin alto riesgo, pero esta época de pandemia nos ha hecho notar que también necesitamos prestar atención a los desechos de mayor peligro. Si aprendemos a ser responsables de nuestros diferentes tipos de basura, lograremos ser un país más sostenible. 

Estos son los residuos biocontaminados llevados a plantas de disposición final. Un ejemplo de esto es una de las planta autorizadas 'Are Yaku Pacha' en Piura. 
Créditos: Ing. Carlos Namuche
Más de 6 toneladas de residuos pueden ingresar a la planta de disposición final. Foto: Ing. Carlos Namuche.
Por otro lado, el vivero municipal de Los Olivos, alberga 4,5 toneladas de residuos sólidos que convierte en compost orgánico para el cultivo de plantas o sembrío. Aquí se desintegran naturalmente todos los desechos provenientes del mercado Conzac. Foto: Estefani Delgado.
Cuando los desechos están desintegrados se colocan en bloques junto a lombrices que harán mucho mas enriquecedor el abono. Foto: Estefani Delgado.
Estas son algunas de las plantas que se mantienen fortificadas con este tipo de humus. Foto: Estefani Delgado.
Alrededor de más de 6 000 especies entre plantas y flores. Foto: Estefani Delgado.
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