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Algas marinas: el oro verde y el fin de los peces

La pesca de captura marina en el litoral peruano viene incrementándose considerablemente año tras año. Según la Food and Agriculture Organization (FAO), anualmente aumenta en un 7.5% desde 1970. Son más de 114, 5 millones de toneladas de especies capturadas para la exportación. De dicha cantidad, 32,4 millones de toneladas son de algas acuáticas y  26 000 toneladas son conchas marinas ornamentales y de perlas. Pero, ¿qué hay detrás de todo este negocio que acecha con desaparecerlas?

El mar peruano es un espacio rico y biodiverso por la flora y fauna natural que hay a lo largo de  los 3 080 kilómetros de la  zona costera de nuestro país. Son más de 464 especies de moluscos, 93 especies de equinodermos y 85 especies de macroalgas que conforman la biodiversidad marina y que están siendo estudiadas por el Instituto del Mar Peruano.

Sin embargo,  la fauna marina se encuentra constantemente amenazada. Miles de peces, crustáceos y otros seres acuáticos viven de las algas, pero no pueden disfrutarlas debido a que son utilizadas en el alimento, industria y comercio de la humanidad. Las especies más capturadas son  el jurel, la anchoveta, los langostinos y la pota. Y, según la Comisión de Promoción del Perú para la Exportación y el Turismo (Promperú), se venden alrededor de seis millones de toneladas de anchoveta al año llegando a incluso capturar más de 12 millones de la misma.

Así lo confirma el Anuario Estadístico de Pesca y Acuicultura del Ministerio de la Producción en el que sustenta que, en el 2017, la anchoveta alcanzó sus cifras más altas del último quinquenio (2013-2017): 7,3 millones de toneladas de anchoveta para comercialización y exportación.

Lo mismo ocurrió en la temporada de El Niño. Durante 1997-1998, esta especie fue sobrepescada, por lo que se restringió su captura por mucho tiempo dejando así el mercado de la industria de harina de pescado y aceite de pescado en manos de variedades como la merluza, jurel, caballa y sardinas, especies también muy importantes y ricas en omega 3.

La anchoveta es uno de los peces más capturados en el litoral peruano y chileno. Muchos pescadores la denominan ‘el inicio de la cadena alimenticia en el mar’, pues llega a ser el sustento principal para muchas especies de la Corriente de Humboldt.  Su valor nutricional se fundamenta en su dieta de fitoplancton, zooplancton y algas acuosas marinas que crecen en aguas frías.

Paul Baltázar, biólogo marino e investigador de la Universidad Científica del Sur, explica que las algas sirven de zona de desove de muchos peces, caracoles, crustáceos y otras especies marinas, pues sus frondas dan cobertura de refugio hasta que son capaces de salir a las peñas.

Las algas marinas se  han convertido en un medio indispensable para la reproducción y alimento, ya que están compuestas de minerales como el Nitrógeno (N), Fósforo (P), Potasio (K), y son capaces de captar la energía solar, absorber dióxido de carbono y almacenarlo contribuyendo así también a la disminución de CO2.

Algas comercializadas

En el Perú –según Imarpe– existen alrededor de 85 especies de macroalgas  y todas ellas son extraídas del mar peruano.

Entre las más comunes encontramos a las algas verdes, también llamadas por su nombre científico  como Chlorophyta, las cuales tienden a crecer en el litoral costero de Lambayeque e Ica. También hallamos a las algas rojas o Rhodophyta, que presentan dos variedades: Gracilaria y Graciolariopsis, comúnmente llamada ‘yuyo’, y la alga Chondracanthus, conocida como cochayuyo. A su vez, tenemos a las algas pardas o Phaeophyta, especies acuosas que crecen en los mares de  Ica y la parte norte de Tacna. Ellas tienen tres variedades: las algas aracanto o negras, científicamente llamada Lessonia nigrescens; el aracanto o palo, llamada Lessonia trabeculata; y el sargazo o bolita científicamente conocida como Macrocystis pyrifera. Estas algas, hermosas y ricas en su naturaleza, también son capturadas anualmente en grandes cantidades para, después, ser convertidas en distintos productos comerciales.

Uno de los mercados más comunes en nuestro país es el de la industria de agroexportación, en la que las algas –en su mayoría traídas de las costas del Atlántico Norte–,  son convertidas en bioestimulantes o potenciadores hormonales para muchas plantas y cultivos, este es el caso de las algas llamadas Ecklonia máxima y Adcophyllum Nodosum que son la principal fuente de estos productos agroindustriales. 

Para Daniel Sánchez, ingeniero agrónomo y gerente de nutrición vegetal y especialidades de la empresa Hortus, empresa de insumos agroindustriales—, los bioestimulantes de algas contienen aminoácidos que activan a la planta para estimular sus  funciones vitales.

Otro de los beneficios según Carlos López, ingeniero agrónomo y gerente general de Fertilizantes Orgánicos SAC (FOSAC), es que las algas contienen manitol, un azúcar que mejora la flora microbiana del suelo, lo que permite que este sea mucho más fértil y, así fortalezca el campo de cultivo.  

La ventaja detrás del uso de estos bioestimulantes es que son fuentes de fertilizantes orgánicos que, a diferencia de la urea u  otros productos sintéticos, no producen emisión de CO2, cuidando así la huella de carbono. 

Las algas también son parte de la alimentación. Desde los inicios de la humanidad, el hombre utilizaba las algas como alimento para su propia subsistencia.  Marianella Salazar, ingeniera agroalimentaria, explica que tal es el caso de la espirulina, una microalga con alta concentración de proteínas y vitaminas B-12 de sencilla digestión y que fácilmente es absorbida por el organismo.

No hay algas para todos

Como hemos visto, las algas son una fuente de alimentación primaria para las especies marinas y su desaparición podría originar que muchos de los peces pasen hambrunas que limiten su capacidad reproductiva.  

En el 2008, el Perú atravesó un escenario muy parecido debido a una veda de algas. El litoral peruano se vio depredado por detractores ilegales que infringían la reglamentación dictada por el Ministerio de Producción cuando estableció, mediante Decreto Supremo N 839-2008, la extracción directa en todo el litoral peruano de estas especies.

Para garantizar la sostenibilidad de las algas, se permitía la colecta y acopio de ellas, pero solo si estaban varadas en las zonas costeras, aunque no su captura ni extracción directa. Actualmente, el panorama no ha cambiado considerablemente. Tal como hemos evidenciado, las algas son capturadas en grandes cantidades en muchas épocas del año, lo cual parece que, inevitablemente, provocará su futura desaparición en la biodiversidad marina. 

Desde Bicho Raro, te invitamos a reflexionar en estos días de confinamiento sobre nuestro rico mar con la siguiente pregunta: ¿qué harías tú para salvar la biodiversidad marina del Perú? 

 

 

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